Frente a la acelerada disrupción de las tecnologías generativas, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) unidad Cuajimalpa inauguró el primer día de actividades del XVI Coloquio de investigación en comunicación, un espacio académico dedicado a diseccionar los desafíos que la inteligencia artificial (IA) plantea para la docencia, la investigación y el ejercicio profesional.
La jornada se caracterizó por un abordaje interdisciplinario que evitó el determinismo tecnológico, apostando en cambio por una mirada crítica que sitúa a la IA no solo como una herramienta de eficiencia, sino como una infraestructura de poder y un nuevo paradigma de creación.
Geopolítica, soberanía y sesgos algorítmicos
El coloquio abrió con la conferencia magistral de Gabriel Pérez Salazar, quien instó a las instituciones educativas a abandonar las políticas de prohibición y transitar hacia una habilitación crítica, reconociendo la «deuda cognitiva» y las injusticias epistémicas que los modelos de lenguaje perpetúan al estar entrenados, mayoritariamente, con datos del Norte global.
Este tono crítico marcó las primeras mesas del día. En el panel sobre lo público, Rodrigo Gómez García, César Rodríguez Cano y Marco Antonio Millán analizaron la IA como un terreno de competencia geopolítica. Se advirtió sobre la vulnerabilidad de México frente a las corporaciones transnacionales y la urgencia de establecer políticas públicas de soberanía tecnológica.
El debate se extendió a las dimensiones éticas y de identidad. Investigadores como Heidy Morfa Hernández, Gabriela Piedra y Diego Méndez expusieron cómo los algoritmos no operan en un vacío, sino que naturalizan estereotipos y desigualdades de clase, raza y género. Se hizo un llamado urgente a entender el «metabolismo social» de la IA: desde el extractivismo de recursos naturales y el trabajo precario de los moderadores de datos, hasta la urgencia de una pedagogía que fomente el activismo de datos.
La creación audiovisual: de la estandarización a la imagen convocada
El impacto de la IA en la cultura visual y el cine ocupó un lugar central en las discusiones. Académicos como Vicente Castellanos, Daniel Peña y Rodrigo Martínez advirtieron sobre el riesgo de una «homogeneización artificial» en la producción cinematográfica y el guionismo. A través de ejercicios experimentales de análisis fílmico y revisión de derechos de autor, se enfatizó que los modelos probabilísticos tienden a generar imágenes estandarizadas que amenazan la diversidad estilística.
La jornada cerró con una de las mesas más reveladoras: Prácticas profesionales y educativas ante la inteligencia artificial en la comunicación audiovisual, donde se presentaron aplicaciones concretas y propuestas pedagógicas que retan la ontología tradicional del medio.
En este panel, Carlos Saldaña Ramírez presentó un avance del proyecto Migrar, un documental que ilustra la profunda paradoja de narrar realidades físicas —como el trayecto de una mujer migrante— utilizando imágenes completamente sintéticas. Frente a este choque ontológico, Saldaña propuso el concepto de la imagen convocada: una visualidad que no se captura mediante la luz, sino que emerge del espacio latente del algoritmo a través del lenguaje.
Bajo esta óptica, el prompt trasciende su función técnica para convertirse en escritura creativa, dirección visual y pensamiento proyectual. Para integrar esto en la academia, propuso cuatro pilares de pedagogía crítica: fomentar la experimentación formal, exigir trazabilidad en el aula, mantener una reflexión ética sobre el extractivismo y cultivar la capacidad de subvertir los sesgos integrados en la máquina.
La mesa también ofreció miradas aplicadas a la producción y postproducción. Jorge Suárez Cuellar y Nemesio Chávez detallaron el exhaustivo proceso detrás del videoretrato interactivo del escritor Gonzalo Celorio, exponiendo las limitaciones actuales de los modelos de lenguaje para mantener la coherencia narrativa en tareas de edición de transcripciones largas. Finalmente, Cañac Wayard Schofer abordó el uso de la IA en la postproducción desde una perspectiva autoral, recordando que si bien la tecnología permite «borrar el ruido de un avión» de manera inmediata, el núcleo de la comunicación audiovisual debe seguir siendo la emoción y el criterio humano.